Cuando hablamos de fitness facial, solemos pensar exclusivamente en los músculos de la cara. Sin embargo, el cuello forma parte de la misma unidad funcional y tiene una influencia directa sobre el tercio inferior del rostro.
La clave está, especialmente, en un músculo: el platisma.
El platisma es una lámina muscular muy superficial que nace en la zona del tórax y asciende por todo el cuello hasta relacionarse con la mandíbula y diferentes estructuras del tercio inferior de la cara. Algunas de sus fibras se continúan con tejidos musculares y fasciales faciales, formando parte de la compleja red superficial que conecta cara y cuello.
¿Qué ocurre cuando esta musculatura está excesivamente tensa?
Un músculo no solo genera fuerza cuando hacemos un movimiento consciente. También puede mantener tensión o acortamiento cuando permanece hiperactivo durante mucho tiempo.
En el caso del platisma, su contracción genera un vector hacia abajo sobre la zona inferior del rostro. De hecho, está bien descrito que su activación puede descender las comisuras de los labios, modificar la tensión de la mandíbula y contribuir a una menor definición de la línea mandibular.
Con el paso del tiempo, a esto se suman otros procesos normales del envejecimiento: pérdida de elasticidad de la piel, cambios en la grasa facial, remodelación ósea y modificaciones en los tejidos de soporte.
Por eso, no podemos atribuir el descolgamiento facial únicamente a la tensión del cuello, pero sí entender que el equilibrio de la musculatura cervicofacial es una pieza más de la ecuación.
Por eso, en FACEWO no solo entrenamos: también liberamos
Una rutina de fitness facial completa no debería consistir únicamente en contraer músculos.
También debemos movilizar, relajar y estirar.
El objetivo es mantener una musculatura capaz de activarse cuando corresponde, pero también de recuperar su longitud y relajarse después.
Porque cuidar el rostro no empieza exactamente en la mandíbula.
Empieza también en el cuello.
Y trabajar esta conexión entre rostro, mandíbula y cuello nos permite entender el fitness facial de una manera mucho más completa: no se trata solo de fortalecer, sino de equilibrar la musculatura que sostiene y mueve nuestro rostro.
Cuando hablamos de fitness facial, solemos pensar exclusivamente en los músculos de la cara. Sin embargo, el cuello forma parte de la misma unidad funcional y tiene una influencia directa sobre el tercio inferior del rostro.
La clave está, especialmente, en un músculo: el platisma.
El platisma es una lámina muscular muy superficial que nace en la zona del tórax y asciende por todo el cuello hasta relacionarse con la mandíbula y diferentes estructuras del tercio inferior de la cara. Algunas de sus fibras se continúan con tejidos musculares y fasciales faciales, formando parte de la compleja red superficial que conecta cara y cuello.
¿Qué ocurre cuando esta musculatura está excesivamente tensa?
Un músculo no solo genera fuerza cuando hacemos un movimiento consciente. También puede mantener tensión o acortamiento cuando permanece hiperactivo durante mucho tiempo.
En el caso del platisma, su contracción genera un vector hacia abajo sobre la zona inferior del rostro. De hecho, está bien descrito que su activación puede descender las comisuras de los labios, modificar la tensión de la mandíbula y contribuir a una menor definición de la línea mandibular.
Con el paso del tiempo, a esto se suman otros procesos normales del envejecimiento: pérdida de elasticidad de la piel, cambios en la grasa facial, remodelación ósea y modificaciones en los tejidos de soporte.
Por eso, no podemos atribuir el descolgamiento facial únicamente a la tensión del cuello, pero sí entender que el equilibrio de la musculatura cervicofacial es una pieza más de la ecuación.
Por eso, en FACEWO no solo entrenamos: también liberamos
Una rutina de fitness facial completa no debería consistir únicamente en contraer músculos.
También debemos movilizar, relajar y estirar.
El objetivo es mantener una musculatura capaz de activarse cuando corresponde, pero también de recuperar su longitud y relajarse después.
Porque cuidar el rostro no empieza exactamente en la mandíbula.
Empieza también en el cuello.
Y trabajar esta conexión entre rostro, mandíbula y cuello nos permite entender el fitness facial de una manera mucho más completa: no se trata solo de fortalecer, sino de equilibrar la musculatura que sostiene y mueve nuestro rostro.
